domingo, 19 de diciembre de 2010

Cartero

Charles Bukowski
Cartero
Anagrama, 2001

  Tanto me hablaron de Bukowski -algunos a favor, otros en contra, tanto de sus prosas como sus temas- y tantas noches me pasé bebiendo cerveza tras cerveza en el bar de Castelar que lleva por nombre el apellido del escritor, que un poco leerlo se había vuelto una asignatura pendiente. Me hice con el primer libro que encontré, pero ahí quedó, relegado a la pila de libros para leer. Pasó el tiempo y me había olvidado de él, hasta la angustiante noche previa a que mi señora me abandonara.
  En realidad Silvia me había dejado mucho tiempo antes, pero aún quedaban en casa pilas y pilas de cajas con cosas suyas y vendría a buscarlas durante el transcurso de la siguiente mañana, con un flete, para que se hagan una idea de la cantidad de cosas que había.
  Tener todo eso en el comedor no le hacía ningún bien a mi compostura, de a ratos me entraban ganas de tirar todo por la ventana; luego, quería acomodar las cosas en sus lugares originales -el tipo estaba negado a que la mina se le fuera.
  Buscando alguna forma de entretenerme para pasar la noche volví a tomar un libro -los días previos me había hecho una panzada de Bioy Casares. Necesitaba alguna lectura distinta, para variar un poco. Así que me acordé de Charles y me fui al otro extremo. ¡Cuanto bien me hizo!
  Cartero nos cuenta el proceso a través del cuál se convirtió en escritor Henry Chinaski: podría haberse llamado Charles Bukowski y era lo mismo, dado que en definitiva es una autobiografía ficcionalizada. El tipo realiza trabajos de porquería, el principal y más terrible es el de cartero. Al tiempo que nos narra su vida laboral, también nos cuenta sobre las relaciones que entabla con las mujeres. Y ahí está la parte interesante. Chinaski, cada vez que se le plantea una separación, no se hace ningún drama, sabe que a la vuelta de la esquina hay más cerveza, el hipódromo, y alguna mujer que va a querer meterse en su cama.
  Por ejemplo, al terminar con Betty:


  Entonces, una noche, Betty, mi amor, me lo soltó, después de la primera copa:
-¡Hank, ya no puedo soportarlo!
-¿El qué no puedes soportar, nena?
-La situación.
-¿Qué situación, nena?
-El que yo trabaje y tú hagas el holgazán. Todos los vecinos piensan que yo te mantengo.
-Coño, antes yo trabajaba y tú holgazaneabas.
-Es diferente. Tú eres un hombre, yo una mujer.
-Oh, no sabía eso. Creía que las perras como tú andabais siempre pidiendo a gritos la igualdad de derechos.
-Te crees que no sé lo que está pasando con esa bolita de manteca que vive allí atrás, paseándose por delante tuyo con las tetas colgando... con las tetas fuera...
-¿Las tetas fuera?
-¡Sí, sus TETAS¡ ¡Esas grandes tetas de vaca!
-Uhmm... Es verdad que son bastante grandes.
-¡Vaya! ¡Lo ves!
-¿Qué carajos pasa?
-Tengo amigas por aquí. ¡Ellas me cuentan lo que está pasando!
-Esas no son amigas. Sólo son cotorras chismosas.
-¿Y esa puta de enfrente que se hace pasar por bailarina?
-¿Es una puta?
-Se follaría cualquier cosa con una polla.
-Te has vuelto loca.
-Sólo quiero que la gente no piense que te estoy manteniendo. Todos los vecinos... '
-¡Que se jodan los vecinos! ¿A quién 1e importa lo que piensen? Nunca antes nos han preocupado. Aparte, yo pago el alquiler, yo pago la comida, lo gano en las carreras. Tu dinero es tuyo. Nunca lo has tenido mejor
-No, Hank, se acabó. ¡No puedo soportarlo!
  Me levanté y me acerqué a ella.
-Bueno, vamos, nena, lo único que pasa es que esta noche estés un poco irascible.
  Traté de abrazarle. Ella me rechazó.
-!Está bien, a la mierda! -dije.
  Volví a mi sillón, acabé mi bebida y me serví otra.
-Se acabó -dijo ella-, no voy a dormir contigo ni una noche más.
-Está bien. Guárdate el coño. No es tan fantástico.
-¿Quieres quedarte con la casa o prefieres mudarte? -me preguntó.
-Quédate con la casa.
-¿Y el perro?
-Quédate con el perro -dije.
-Te va a echar de menos.
-Me alegro de que alguien vaya a echarme de menos. Me levanté, me fui al coche y alquilé el primer sitio que vi con un anuncio. Me mudé aquella noche.
 Había perdido ya 3 mujeres y un perro.

  Un groso, no se hace problema por nada, le deja hasta el perro y no discute mucho la separación. Una vez, con una ex novia, casi nos matamos por la perra: al final me la quedé yo, Emilia es muy bonita y graciosa.
  Las mujeres no le duran a Chinaski, que a medida que se vuelve viejo también parece volverse más sabio:

  Ocurrió alrededor de una semana más tarde hacia las 7 de la mañana. Había conseguido otro día libre después de un trabajo intensivo, estaba pegado al culo de Joyce, a su ano, durmiendo, durmiendo profundamente, y entonces sonó el timbre y yo me levanté a abrir la puerta.
  Era un hombrecito con corbata. Me puso varios papeles en la mano y se fue.
  Era una demanda de divorcio. Allí se iban volando mis millones. Pero no estaba furioso, porque de cualquier manera nunca había esperado sus millones.
  Desperté a Joyce.
-¿Qué?
-¿No podías haberme despertado a una hora más decente?
  Le enseñé los papeles.
-Lo siento, Hank.
-Está bien. Lo único que tenías que haber hecho era decírmelo. Yo habría accedido. Esta noche hemos hecho el amor un par de veces y nos hemos reído y lo hemos pasado bien. No lo entiendo. Tú sabías todo esto. Maldita sea si consigo entender a una mujer.
-Verás, lo hice después de que tuviéramos una pelea. Pensé que si esperaba a que se enfriase la cosa, jamás lo haría.
-De acuerdo, nena, admiro a las mujeres honestas. ¿Es Alfiler Púrpura?
-Es Alfiler Púrpura -dijo ella.
  Me reí. Fue una risa un poco amarga, lo admito, pero me salió.
-Es fácil adivinar el resto. Pero vas a tener problemas con él. Te deseo suerte, nena. Sabes que hay mucho de ti que he amado, y no era sólo tu dinero.
  Empezó a llorar sobre la almohada, boca abajo, estremeciéndose toda. Era tan sólo una chica pueblerina, perdida y confundida. Allí la tenía, temblando y llorando desconsoladamente, sin el menor cuento. Era terrible.
  Las sábanas se habían caído y me fijé en su espalda. Sus omoplatos asomaban como si quisieran convertirse en alas, atravesando la piel. Pequeñas cuchillas. Estaba indefensa.
  Me metí en la cama, acaricié su espalda, la acaricié, la calmé, entonces se derrumbó otra vez:
-¡Oh, Hank, te quiero, te quiero, estoy tan apenada, tan apenada, tan apenada!
  Realmente estaba que se moría.
  Después de un rato, empecé a sentir como si fuera yo el que me estaba divorciando de ella.
  Entonces echamos uno bueno de despedida.
  Se quedó con la casa, el perro, las moscas, los geranios.
  Hasta me ayudó a empacar, doblando mis pantalones cuidadosamente en la maleta, colocando mis calzoncillos y mi navaja de afeitar. Cuando estuve listo para irme, empezó a llorar de nuevo. Le di un pequeño mordisco en la oreja, la derecha, y luego bajé las escaleras con mi equipaje. Subí en el coche y empecé a deambular por las calles buscando un anuncio de "Se Alquila".
  Me parecía ya una cosa bastante corriente.
  A esta altura ya había decidido aprender de Chinaski. Actuar como él era la mejor forma de no quedar en orsai. Así que apreté la lectura y seguí leyendo. Terminé la novela en dos horas, a las 7 de la mañana. No era muy larga y la ansiedad por saber qué sucedería en el siguiente capítulo colaboraron. Había más situaciones en las que el protagonista se ponía por sobre el mundo y me incitaban a imitarlo:

  El bebé andaba a gatas, descubriendo el mundo. Por la noche, Marina dormía en la cama con nosotros. Allí nos poníamos Marina, Fay, el gato y yo. El gato también dormía en la cama. Vaya, pensaba yo, tengo tres bocas que dependen de mí. Qué extraño. Me quedaba sentado y los miraba mientras dormían.
  Entonces, dos madrugadas seguidas que llegué a casa después del trabajo me encontré a Fay leyendo los anuncios por palabras.
-Todos estos apartamentos son tan caros -dijo ella.
-Ya lo creo -dije yo.
  A la siguiente noche le pregunté mientras leía el periódico
-¿Te vas?
-Sí.
-Está bien. Te ayudaré mañana a encontrar casa. Daremos una vuelta con el coche.
  Accedí a pagarle una suma todos los meses.
-Muy bien -dijo.
  Fay se quedó con la niña. Yo me quedé con el gato.
  Encontramos un sitio a 8 o 10 manzanas de distancia. La ayudé a mudarse, me despedí de la niña y conduje de vuelta.

  En fin, cuando llegó Silvia a buscar las cosas, no me importó mucho -después sí, después cuando se me pasó el sueño que tenía por haber estado leyendo toda la noche, me quería matar.
  Para cerrar, me sirvió tanto, que lamenté no haberlo leído antes así se lo pasaba a un amigo que, ante el abandono de su novia, se compró este libro.
  Les dejo el link a una página que se jacta de ser el mayor archivo sobre Charles Bukowski en español y una versión digitalizada de la novela en Scribd.

11 comentarios:

  1. Se ve que lograste convertirte en un Chinaski: sino no habrías relacionado tan friamente este libro -que es una porquería- con una situación que se supone debería ser dolorosa.

    Hoy no salgo a jugar con vos, aunque aplaudo tu tratamiento original.

    Mora.

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  2. David; ¿qué pasó con la galera del cerdo?. Que ahora cambies la palabra, no es prueba de su ausencia, ella sigue allí, en el mismo lugar de siempre, ella, modificador indirecto que le fué regalado y él no quiso lucir.
    Te mando un beso. Cuidate, sí?.
    Wallis

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  3. Wallis! La galera sigue en su lugar, no se movió y se mantiene inalterable. Lo que pasa es que siento que estoy en una nueva etapa y he denominado a esta etapa la era del cochino sin cochina. Así que así vamos. Un gran beso para vos, nos debemos una cerveza (desde hace cuánto tiempo?)

    Morita, Chinaski es una porquería: yo solo admiro la facilidad que tiene para terminar sus relaciones y no exteriorizar su dolor. Pero más allá de eso, sufro como un perro, así que vení a jugar que necesito de los amigos.

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  4. Lo adoro. Tardé en acostumbrarme a la falta de mayúsculas al iniciar una oración, pero más allá de eso, ¡lo adoro! Una de sus mejores novelas: Pulp!
    Love it Bukowski! :)

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  5. A mí me gusta Bukowski, pero siempre escribo mal el nombre. ¿No les pasa a ustedes?

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  6. No sé por qué no sale el comentario, después va a aparecer repetido. Lo que decía es que a mí me gusta mucho Bukowski, pero que siempre escribo el nombre mal. ¿No les pasa a ustedes?

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  7. Jajajaja me dió mucha risa eso de que escribe cosas de porquerías ¿y sabes? Yo pensé lo mismo cuando lo leí por primera vez, y ahora es irrisorio porque me gusta mucho Bukowski, me gusta mucho esa porquería que tiene de escritos, porque es una manera fría y absurda de acostarse con putas, de bebber y de ser insensible con manifestarse ante al mundo. Y me gusta más porque no es como la mayoría que escribe sobre la vida que quisiéramos tener, sobre las mujeres que necesitamos o como adornas las palabras para decir algo tan fácil... como despedirse de una relación y alquilar un cuarto. En fin, hace demasiado tiempo que no pasaba por estos lugares, pensé que ya no existía, que ya no existías David!

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  8. Sole Mandarina: cuando comencé a leerlo pensé que era un error de mi edición, para mí que le molestaba apretar el botonete en la máquina de escribir, le resta tiempo. Sigo tu recomendación y lo agrego a la pila.

    Marita: Suele pasar que le erremos a los nombres y apellidos extraños, totalmente. De echo, cuando terminé el artículo, repasé poniendo especialmente enfasis en la ortografía de Bukowski.

    María José: ¡Que bueno es recibir tu visita! Estoy vivo, aunque no publico tanto como antes -no porque no escriba, sino porque me guardo cosas para el libro :P - Me alegra coincidir tanto con vos. Lo de las porquerías, bueno, puede ser. Pero hay que saber escribirlas.

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  9. Siempre te supuse un lector bukowskiano! Tanto por tu estilo narrativo como por tu tono poético. Te recomiendo 'Factotum'.

    Un abrazo!

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  10. Simud, agendo tu recomendación y te juro que no leí nada de CB hasta dar con Cartero: de todas formas, me creas o no, no ofendas al pobre escritor, que aún me falta muchísimo.

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  11. Es un autor pendiente... pero no sé si me llama tanto... no sé... algún día lo leeré

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Dicen los que saben...